En el año 1968 en AHV en Bilbao se monto el horno alto más grande de España y de los mayores de Europa, el horno María Ángeles, con una producción de tres mil toneladas diarias de arrabio.
Pero faltaba acabar las partes más costosas y delicadas, los trabajos de más responsabilidad para su puesta en marcha, y trasladaron a 30 profesionales de la fábrica de Puerto de Sagunto para hacerlos.
Ginés: Jefe de equipo calderero era uno de ellos, cuando terminaba unos días se iba a tomar unos chiquitos con los compañeros, y otros al sindicato a enterarse de cómo estaban los temas. Se enteró que allí a los profesionales todas las semanas les daban un 20% del trabajo que tenían presupuestado, y si no lo hacían en el tiempo estipulado no les descontaban nada, aquí trabajaban de la misma forma, solo que aquí no se pagaba nada y si no terminaban el trabajo en las horas previstas pasaban la mano por la pared.
Cuando vino a Sagunto con esa noticia, empiezan los primeros problemas con reclamaciones a la dirección, y las primeras horas de huelga. La dirección llamo a Ginés, y este respondió -los trabajadores venimos a trabajar por dinero- y si no se nos paga no trabajamos. Él ingeniero jefe que lo conocía desde la escuela de aprendices le contestó “Cría cuervos y te sacarán los ojos” Pero se aplicaron las mismas normas que en Bilbao.
Estaba Ginés en el Comité de Empresa cuando en el muelle descargando carbón se mata un hombre. Cuando había un accidente mortal se paraba toda la fábrica, todo el mundo iba al sepelio y se llevaba a hombros el féretro. Al volver con los compañeros pararon a tomar un vino en casa del vasco, allí había varios miembros del comité empresa, Ginés les dice –nosotros no hacemos nada por los trabajadores– ¿y qué podemos hacer? podemos hacer unas cartas pidiendo que la hora se abonen a 120 pesetas (se pagaban a 16) y que los obreros la firmen, y las manden a la dirección. Eso nos dará fuerza para reivindicar un mejor convenio, (por supuesto todo el mundo firmó Ginés se había encargado de buscar quien las escribiera y de repartirlas por todos los departamentos).
Miguel Lluch fue a su casa para avisarle, porque se había oído su nombre, y es posible que la policía fuera a por él. Difícilmente tendrían pruebas porque las cartas las firmaban los trabajadores. Aquel convenio se firmo y las horas se empezaron a pagar a cien pesetas.
Un día su jefe (el de cría cuervos) que había venido de Bilbao lo llamo a su despacho. –Quiero que vengas a Bilbao, para dirigir el montaje de cuatro naves de unos 400 metros en Ansio, un trabajo para 14 meses–. (Ya en talleres se estaban construyendo las vigas de rodadura).
Ginés era reacio –Aquí tiene usted tan buenos profesionales como yo– el jefe le contestó –No te quiero solo como profesional, quiero que defiendas a la empresa como defiendes a los trabajadores–
Ginés cumplió tan bien su trabajo que un día su jefe le dijo que aflojara, y dejara respirar a la gente. El jefe era también accionista de la empresa que estaba realizando el montaje. Le interesaba que hubiera errores para después cobrarlos fuera del presupuesto. Con Ginés no los había y había cortado algún que otro chanchullo.
Por esto le contesto –yo vine a esto, y si no le interesa– Y vaya preparándome los papeles que me voy a Sagunto, porque vine para catorce meses y ya llevo dieciocho.
Ginés estaba en el Comité cuando el cierre de la cabecera siderúrgica: “¡Quién lo iba a esperar, cuando Felipe González había venido a este pueblo diciendo que esta fábrica no se cerraba!” Esta fábrica la cerró el gobierno, porque aquí el coste social era más bajo, cuatro mil trabajadores frente a diez mil de Bilbao.
A los pocos días de estar gobernando Felipe González mando hacer el decreto del cierre.
Y vino el director Lucia a echar el cierre, me di cuenta entonces que Campoy tenía un par… bien puestos. Éste se quería ir, pero el cerró la puerta, y tuvo que darnos todas las explicaciones pertinentes y escuchar todo lo que tuvimos que decirle.
Después vinieron acciones que había que echarle mucho valor, el horno estaba con cargas blancas para pararlo, y el Comité de Empresa lo puso en marcha, dijimos a la jefatura lo que íbamos a hacer, y si veían alguna maniobra que pudiera ser peligrosa no la dijeran, pero con la pericia de los obreros poco a poco el horno pasó a producción. El tren 28 que llevaba casi un año parado lo pusimos en marcha. En la fábrica los jefes estaban bloqueados, para que se parara sola, pero los operarios que manejaban las grúas y otros puntos importantes iban hasta por la noche a hacer trabajos que no era conveniente que se vieran por el día.
Nos jugamos el tipo porque el juez nos acusaba de no sé…cuantas cosas, nos llamó a declarar, y no fuimos, sólo defendíamos el derecho al trabajo.
Algunos decían que si hubiera habido aquí una ETA no lo hubieran cerrado, al que decía esto yo le contestaba que no sabía ni la hora que era. Con ETA y sin ETA cerrara esta, y después aquella, ya la Comunidad Europea en Luxemburgo se había visto los consumos de acero que había, y a nosotros nos tocaba unas toneladas de acero al año y aquí se acabó.
Pero es que además en las últimas negociaciones peleábamos más contra el secretario general de la UGT del metal que con el director general del gobierno un tal Valverde.
No me explico cómo puede ser que representantes de trabajadores no vieran correcto que nosotros negociáramos y lo que conseguíamos. Pero las fábricas solo las cierran los gobiernos y los empresarios.
Me prejubilaron a los 55 años, compre con mis hermanos 10 anegadas de unos garroferos perdidos en la montaña, una máquina hizo del trabajo y sacaba piedras de dos y tres toneladas, luego metimos 250 camiones de tierra y los transformamos en una huerta y naranjos, que en un principio regábamos a cubos pero los árboles los veíamos crecer.
Porque si las cosas van mal y hay hambre, nosotros siempre tendremos para comer. Me acuerdo de mi padre que cuando terminó la guerra se quedó en cero, y tuvo que agarrarse a lo que pudo, llevaba un huerto a medias con otro para poder comer “Pensaba si mi padre hubiera tenido esto hubiera sido un campeón”

Un abrazo de Paco Gómez.