Conocí a Ximo cuando empecé a trabajar en la planta de oxígeno de Carburos Metálicos, el estaba con una empresa de construcción que realizaba la obra civil. Mientras yo cooperaba en el montaje e instalación de las maquinas. Cuando empezó la producción se quedó el solo para mantenimiento y limpieza pero en unos años era el que cooperaba como mecánico que es lo que quería ser de niño, y era el soldador, calderero, fontanero, carpintero, jardinero, era el todo terreno para todo.
Recuerdo que teníamos un intercambiador comunicado que había que sustituir, el problema era sacarlo de donde estaba, parando la producción el menor tiempo posible. Ximo construyó una especie de vagón cuna que sobre unos carriles se deslizaba colocándose debajo, y sacándolo fuera del edificio donde podía cogerlo una grúa.
Durante unos quince años fue el comodín de la planta de Oxigeno. Un día se fue porque no era fijo y porque en la época de bum en la construcción ganaría más.
Joaquín Navarro nació en Villarrobledo, lo trajeron a Sagunto cuando apenas tenía dos años, sus padres se hicieron cargo de las labores agrícolas de una casa de campo que en la actualidad podríamos situarla cerca del parque de bomberos.
Hasta los ocho años no fue a la escuela y lo hizo durante cuatro cursos sacándose el graduado escolar, y a los doce estaba trabajando de peón albañil en una finca de pisos, que se estaba construyendo en el Camino Real.
Ximo me habla de la suerte que tuvo al encontrar en los principios de su vida laboral a muy buenas personas y mejores maestros de la construcción. Cuando aún era un niño que no paraba de preguntar, y recuerda con mucho cariño a Ricardo Almenar. Después estuvo trabajando con dos muy buenos profesionales que habían sido campeones de España después de hacer aquellos cursillos del (PPO) promoción profesional obrera. Estos compartieron con él todas las técnicas y nuevos conocimientos adquiridos.
Recuerda con nostalgia y mucho cariño el tiempo tan breve que compartió con su abuelo que era “un albañil de los de antes”, artesanos que dominaban todas las facetas de la construcción, aun tiene algunos moldes de madera que le hizo su abuelo para la escayola “ojalá hubiera estado más tiempo con él, cuanto hubiera aprendido” tiene algunas de sus herramientas que le sirven de añoranza y reconocimiento.
Ximo y Cami (Camila Fernández) se casaron y se compraron una casa muy pequeña en la calle de los Santos de la Piedra, y que él fue arreglando. Pero tenía necesidad de una casa un poco mayor de 54 metros cuadrados al nacer sus hijas, y compró una en el barrio de la judería situado en las laderas del castillo. De momento como se quedo sin un duro sólo la utilizó para guardar la moto. Un día debido a un atasco de los desagües de la casa superior (no olvidemos que estas casas están en calles con cotas cada vez más altas) le tiraron la pared de la cocina. Viendo que esta vivienda tenía más posibilidades para empezar a vivir en un tiempo más breve que la suya y como no estaba habitada la compró, y enseguida la arregló para empezar a vivir.
Pasaron unos años y les tocó el cupón de la Once que Cami que no solía jugar, aquel día si lo hizo al comprar una vecina, (corriendo de alegría fue a decírselo a Ximo) y dos millones y medio de las antiguas pesetas y en los años 90 vinieron como un maná caído del cielo.
Y compraron la furgoneta, y Ximo llevo los planos que tanta veces había dibujado y borrado en su cabeza los pasó a limpio en papel, y se los dio al arquitecto para que los hiciera oficiales y poder legalizar el permiso de obra de la primera casa que aun tenia abandonada.
Cada día durante 16 años Cami esperaba a Ximo a las seis de la tarde para que el oficial empezara a construir ella era su peón (¡qué importante es tener un buen peón!). Ama de casa que criaba, hacia la comida, limpiaba, hacia las bovedillas, preparaba y amasaba los materiales y además hacia cerámica, un primo le había dado unos cuantos conceptos. Ximo le hacia los dibujos ella iba aprendiendo sobre la experiencia, un día se agrieta por esto, otro porque el grano es muy gordo, habrá cogido una burbuja de aire. (Ahora hace maravillas)
Cami siempre ha tenido una fe ciega en Ximo, siempre ha sabido que lo que hiciera le gustaría, porque solo un hombre con las habilidades y la paciencia de él es capaz de construir lo que yo llamo “Una casa museo obra de arte con calor de hogar”.
Cuando le pregunto cómo ha podido hacer esta casa en el barrio más emblemático de Sagunto, una casa que parece que sea la de un Senador Romano, y tan integrada en el entorno me contesta:
“Paco todo es un oficio, pero uno no puede saber de todo, por tanto vas aprendiendo conforme te vas equivocando, y vas rectificando, nunca me ha dado vergüenza preguntar lo que no sé, aunque en la construcción hace tiempo que no tengo problemas. Pero es que nunca he dicho a nada, “eso yo no lo sé hacer” si después de pensarlo y pensarlo y darle muchas vueltas lo haces, y no sale bien, rectifica hasta que salga bien”.
Y como creo que lo importante después de conocer a Ximo y a Cami es ver las fotos de la casa, que nos ha hecho nuestro común amigo y por un tiempo jefe Ismael Martínez a quien hemos tenido dando vueltas mientras hablábamos.
No me enrollo más solo decirles que yo no entiendo de arte pero aqui todo me gusta, porque lo que más veo en esta casa es un reto y una lucha, un triunfo, pero con muchísimo amor.

Un abrazo de Paco Gómez