Una tarde del más puro invierno fui a ver a Juan a su casa de la playa de Canet, y me tengo que adherir y comprendo a las personas que dicen “Aquí solo hay dos meses malos los de julio y agosto”.
Disfruté charlando y viendo sus cuadros en la tranquilidad de toda una tarde sin ningún ruido y casi sin ningún sonido. Lamento también decirles que los meses mencionados y dos más junio y septiembre, la mitad del día yo que vivo en el Puerto lo paso con los amigos en estas playas, y por la noche asisto a los espectáculos en sus jardines. Por tanto tendremos que admitir que se está bien con frio y con calor y en las cuatro estaciones del año y de ánimo.
Juan Rodríguez me cuenta que empezó a pintar a los 12 años en el estudio de Ramón Berges en Puerto de Sagunto. Pero la verdad es que empezó a pintar mucho antes en la acera de la calle, y sentado sobre su propia pierna para no ensuciarse los pantalones, no fuera a ser que su madre le llamara la atención.
Estudió ingeniería y trabajo en la siderúrgica y en la fábrica de cristal para coches. Después de terminar sus estudios de ingeniería ingresó también en la escuela superior de bellas artes de Valencia, por eso nunca abandonó la pintura aunque en sus últimos 20 años le era difícil compaginarla con sus responsabilidades.
Juan ya lleva un tiempo jubilado, y ha retornado a su pasión “la pintura como su trabajo principal”
Le pido que me explique su pintura, y me dice que no sabe como:
“Por qué la pintura como todas las bellas artes no son más que una forma que el artista tiene para comunicarse con su entorno, para transmitir un sentimiento, al cual le puedes poner el apellido que quieras. Cada artista busca expresarse de una manera diferente. A mí me motiva con vehemencia la búsqueda de la belleza. Que eso lo consiga, o no, depende de muchos factores -te enumerare algunos importantes- honestidad, talento, oficio y vocación.
Honestidad significa que el artista exprese su sentimiento “puro” sin ningún otro condicionante, como el económico. Talento -imprescindible- se nace con ello. Siento decirlo pero es lo que hay. Haciendo un símil en tu ámbito, un escritor puede saber poner la coma donde toca, pero sin talento posiblemente aburrirá hasta las ovejas -oficio- se exige tiempo, práctica y ganas de aprender. Y la -vocación- es el catalizador que hace que todo esto se una y funcione.

“Me tengo por un artista honesto con vocación y oficio, pero, yo no sé si tengo talento. Eso os toca decidirlo a vosotros, los que os ponéis delante de un cuadro. Sólo puedo decirte que seguramente tocó alguna fibra sensible, porque mucha gente que acude a ver mis cuadros se toma la molestia de dejar comentarios elogiosos en el libro de visitas, y me agrada la expresión que veo en sus caras.
No hace ni tres años que me dedico a pintar a tiempo completo, y en las exposiciones que llevo hechas hay un comentario que la primera vez que lo oí fue en la exposición de diciembre del 2016 de Puerto de Sagunto. Una persona muy humilde, y muy mayor, se dirigió a mí y me dijo: -Perdone que le moleste, pero tengo la necesidad de decirle que sus cuadros me transmiten felicidad, y vengo casi todos los días- Por un momento me quede perplejo, el amigo que me acompañaba en ese momento se sonrió y me dijo -el señor tiene razón- Por supuesto yo le agradecí su comentario y le dije -Yo soy feliz cuando pinto y no hay nada más gratificante que oír comentarios como los que usted me ha hecho- Bueno, pues comentarios parecidos utilizando la palabra –felicidad- los estoy viendo allá donde expongo.
Resumiendo la técnica que utilices no es muy importante, hay muchas y muy variadas. Te ha llamado la atención que de ese folio a lápiz, con algunas flechas a boli rojo y unos apuntes aparte haya nacido un cuadro. Lo importante es el resultado final, ver si realmente has sabido trasmitir ese sentimiento que te ha impulsado a pintar aquello.
De verdad que lo siento pero no sé explicarlo mejor. Eso os toca a vosotros los escritores y sobre todo a los poetas”.

Juan sin saber cómo explicar su pintura nos ha dicho tanto que yo solo puedo decir… Que en sus cuadros… Veo que hay una belleza tan profunda que te incita a ver otra realidad mucho mejor, más deseable, especial que te hace mirar, pensar… sentir, mirar, y volver a pensar, y mirar y…
Las dunas de Canet yo ya las había fotografiado, una de las muchas mañanas que con mi cámara me voy a ver amanecer, cuando lo hago suelo quedarme en algún lugar un rato porque cada segundo de un amanecer es distinto, a cuál de ellos más bellos, con una belleza que penetra, ¿y cómo guardarlos todos dentro?… Si lo consigues un poco, empiezas el día mejor.
Creo que Juan funde todos esos segundos de belleza en sus cuadros por eso trasmiten felicidad.

Un abrazo de Paco Gómez