Miguel, nació en febrero de 1945 en Quart de les Valls, porque su madre como es natural fue a acogerse a donde estaba la suya, y estaba en este pueblo, porque tenían un huerto pequeño que le servía para no pasar tanta hambre como trabajador de la siderúrgica en Puerto de Sagunto.
Su padre trabajaba en el departamento de movimiento (pico y pala) y su abuelo Miguel, el del huerto, en la fábrica de ladrillo.
Recuerda el entierro de su abuelo, teniendo de cinco o seis años, porque en la fábrica de ladrillo terminaban todos con silicosis, aparte estaban todos aquellos subproductos obtenidos del cok, todo era muy toxico, y que había poco para comer.
Miguel entra a la escuela de Aprendices a los 14 años, y aprende el oficio de calderero, a los 17 años ya va por la mañana a la escuela y por las tardes a la Fábrica. Su primer sueldo semanal 23 pesetas, de otros sueldos no se acuerda pero de este sí, pensaba que era millonario, estaba poco contento. A los 18 años entró a Talleres Generales como oficial de tercera, progresivamente se presenta para oficial de segunda y de primera.
La calderería es un trabajo muy rudo que siempre se asimila con el martillo y la porra, y verdaderamente sí se usan estas herramientas, pero además tienes que tener muchos conocimientos de matemáticas, álgebra, trigonometría, y de dibujo. Un trabajo que se relaciona con la porra y los golpes pero que lleva mucho más calentamiento de cabeza que de brazo.
Nos cuenta Miguel: En talleres, sin que sirva como meritorio y sin devaluar a nadie, allí estaban las personas con más sensibilidad y más capacidad de dirigir. He tenido compañeros que han representado las máximas aspiraciones sindicales y políticas. El núcleo central reivindicativo estaba en talleres, allí estaban los Zaplana, Madrid, Mula y otros. En talleres casi todos proveníamos de la escuela de Aprendices con categoría de profesionales, teníamos un grado más alto pero ganamos menos dinero que en los diferentes departamentos, porque ellos iban a turnos tenían tóxicos, trabajos penosos, primas a la producción, total, que éramos los que menos nos llevábamos a casa.
Recuerdo cuando empieza la transición y vienen las primeras elecciones democráticas, yo estaba en Comisiones Obreras, se sacó mayoría absoluta. Eso da una idea de la gente que había allí, yo era uno más, que no destacaba para nada, pero además era uno de los más jóvenes al lado de personas súper conocidas y reivindicativas.
Durante un tiempo la gente estaba encantada, la puesta en marcha de la Cuarta Planta Siderúrgica, el informe Kawasaki, todo parecía que iba sobre ruedas. El gobierno había reconocido y aseguraba la continuidad de las tres siderúrgicas mediante los acuerdos de mayo de 1981.
En octubre recuerdo estar trabajando, se me acerca un compañero, Miguel, se va a celebrar la reunión sindical de Comisiones y hay que sacar miembros para el Comité de Empresa. Vamos a la reunión, y el sindicato con mayor afiliación no tenía lista, todas las personas que habían estado durante años, los más veteranos, no se presentaban y había que elaborar unas listas y aparecemos unos cuantos, se hacen elecciones y se gana por mayoría y me eligen presidente del Comité de Empresa.
En noviembre de 1982 llegan los socialistas al poder.
El día 2 ó 3 febrero viene el director José María de Lucía y nos manda llamar: Y en la Gerencia nos lo soltó: “Van ustedes todos al paro, la fábrica se cierra”
“Todo se para porque la fábrica desaparece, no tiene continuidad”. Me dio una nota donde ponían las expectativas que teníamos y creo que yo le dije a alguien: “Haced fotocopias e ir lanzándola, y empezad a llamar a los trabajadores para ir explicando lo que va a ocurrir”.
Y a partir de ahí, pasó lo que pasó. La primera orden, parar el Horno Alto número dos, y no se hizo caso. Eso traducido en el argot político significa que fui acusado de terrorista por desobediencia civil. Mientras en el gobierno todos sus planteamientos eran de cierre, nosotros decíamos: “Si hay menos ventas repartamos la producciones en vez de eliminar una siderúrgica” Pero no íbamos todos por el mismo camino, me daba la sensación que era estrellarse contra una pared. Las tres administraciones socialistas, Gobierno Central, Autonomía y Ayuntamiento. Pero a pesar de todo había que luchar. A mí me dicen que van a cerrar, pero yo les digo: “Ya hablaremos si vas a cerrar”. Cuando se pone el horno número dos en banking y se deja en stand-by, sin producción, con cargas mínimas para mantenerlo. Los trabajadores le echamos carbón y mineral, y seguimos produciendo. Según ellos eso era hacer terrorismo. Mandan parar el tren 28, y lo ponemos en marcha en contra de la dirección y del gobierno.
Si revisamos la historia anterior y posterior, y los movimientos sociales de desobediencia civil no se han dado en muchas ocasiones, yo diría que aquí fue al revés, desobedecer el mandato de la empresa de la autonomía y las órdenes del gobierno se dan sucesivamente.
Sé que me estoy jugando el pellejo, pero, dice el viejo proverbio “de perdidos al río”. Yo sabía que tenía que estar peleando con los compañeros hasta que pudiera.
Estuvimos casi dos años que prácticamente no había ninguna dirección empresarial. No se obedecía nada, si yo me hubiera creído que la fábrica se iba a cerrar el día 2 o 3 febrero del mismo año 1983 hubiera reunido al Comité y le hubiera dicho “No hay nada que hacer”. Pensaba que era muy duro tirar a tantas personas, aquí habían trabajado varias generaciones. Que te digan de hoy para mañana que ya nadie va a trabajar aquí, es cruel e inhumano.
A mi casa venía gente todos los días, “¿Miguel qué va a pasar con nosotros?” -yo que sé- Vamos a luchar y a seguir, y ya veremos. He tenido a los compañeros en mi casa a las diez de la noche, sobre todo a los de más edad preguntándome qué va a pasar.
Había noches, que me quedaba en casa sentado en la cocina tomando café y fumando, y preguntándome y mañana qué hacemos. Noches enteras que no veía luz por ninguna parte, ¡Yo no sé cómo no me he muerto! A las cuatro o a las cinco de la mañana despierto fumando, y dentro de unas horas, de viaje y de reunión. A nuestro despacho, venían los compañeros a ver qué pasaba, todos lo pasamos mal.
Cada vez que he hecho la vista atrás, digo, “madre mía para aguantar eso, si no tienes apoyo coges y te vas” Gracias a mi mujer, pues yo llegaba a las 10 de la noche y ya tenía los billetes para las seis de la mañana, no estaba en casa nunca.
Hubo un momento que volvemos a la historia de siempre, y fue en el campo de fútbol, estaba tan harto que dije: “Me marcho”. Por la noche ya tenía a todo el Comité en casa.
-No te puedes ir. ¿Cómo que no me puedo ir?
Al final me convencieron y a los tres días o cuatro volví a seguir con la misma historia, yo estaba con los nervios destrozados, porque la situación no estaba clara, siempre pegándose contra el mismo muro y eso te desconcierta y te rompe interiormente.
Hemos de tener muy presente de qué situación partimos, de cómo estaba el componente político, yo creo que al final hemos sobrevivido, sin dejar atrás los principios fundamentales, hicimos una pelea los trabajadores con el pueblo que no se había dado casi nunca, y que ha sido un ejemplo para otros. Independientemente de los resultados. Aunque tenía una cosa más clara que el agua, que yo era uno más, los trabajadores tenían con su voto el poder de decidir a favor o en contra del cierre. La representación y miembros del sindicato aconsejaron aceptar el cierre pero a contrapelo. Esto es lo que hay, porque no hay nada más, ya no podemos hacer más estábamos destrozados.
Hay acuerdos que contemplan jubilaciones, recolocaciones y mantenimiento del empleo, esa es la realidad.
Se crearon los fondos de promoción de empleo, que en un principio eran los fondos de Altos Hornos del Mediterráneo, después fueron los fondos del Sector Siderúrgico Integral. Quiero decir que lo que se consiguió aquí sirvió de referente para otros, porque a los pocos años se cerró Altos Hornos de Vizcaya y no se enteró nadie, de pronto existía, y de golpe dejó de existir.
Luego vienen y me proponen que me presente a concejal por Izquierda Unida, y sacamos dos concejales. Las siguientes elecciones me dicen que siga y sacamos tres, al final dije “Me voy”.
Me jubilaron con 60 años. Cuando entré como presidente al Comité de Empresa me hice una promesa a mí mismo, que entraba como oficial de primera calderero y saldría como oficial de primera calderero.

Si volvemos la vista hacia atrás, tenemos que ver que hubo una época en este pueblo que estuvo lleno de gestos heroicos, realizados por hombres de acero, simplemente obreros. Destacaba el valor que ponían en cada nueva experiencia, y la valentía de cada minuto de la vida era un esfuerzo digno de titanes, aunque sólo tuvieran la altura de los hombres tocaban el cielo en sus esfuerzos. Muchos a los que no fue ni necesario pedirles ayuda, se involucraron tanto que brillaron con luz propia.
Cada uno de ellos tenía su vida en la fábrica, en ella estaban sus sentimientos, sus ideas, sus sueños y su legado. Cada uno tenía entre sus deseos mantener aquello que con tanto esfuerzo habían conservado para nosotros nuestros mayores, desde la sencillez de sus propias vidas.
Por eso tenemos que hablar del sentido de la vida, y no de una ocasión en la vida. El sentido de la vida que tenían es como la dirección en un sendero que con más o menos vericuetos lleva hacia la meta. Y la heroicidad de estos hombres consistía en enfocar cada día cada acto como una prueba, en que todas sus fuerzas desde las físicas, hasta las más sutiles de la inteligencia y del alma entraron en juego. Varias veces cayeron y se volvieron a levantar, y con ellos caímos y nos levantamos todo un pueblo. Entonces aun no sintieron el héroe que llevaban dentro pero al hacerles un sitio en nuestra historia renacerán como los héroes de Puerto de Sagunto.
Todo en esta vida es suerte, y la suerte de este pueblo fue tener a Miguel Campoy Adell con nosotros, por esto cuando su memoria se convierta en un recuerdo el recuerdo será un tesoro, porque las personas que estuvieron siempre tan cercanas nunca se van, las lleva uno consigo, a Miguel lo llevará todo un pueblo consigo porque Miguel tuvo toda una vida dedicada a luchar por los demás, y fuimos muy afortunados por haberlo tenido siempre a nuestro lado.

Un abrazo para Miguel de todo un pueblo que no lo olvidará D.E.P.