Éste, mi pueblo el Puerto de Sagunto, debió de engendrarse donde nació Pascual, en las minas de Ojos Negros (Teruel), y nació en las orillas del mar y ya no ha parado de moverse.
A Pascual cuando tenía seis años tampoco paraba de moverse lo iban evacuando de pueblo en pueblo junto con sus cinco hermanos. Ya que en diciembre se cumplieron 80 años de una noche de San silvestre en el frio siberiano de Teruel con 20 grados bajo cero, y en el escenario de la batallas más mortífera de la guerra civil
Huyendo la familia de Pascual terminaron en Vicalvo debía de ser el pueblo más alejado, porque después volvieron a Ojos Negros a golpe de calcetín y no veas lo que les costo. La situación de miseria hizo que a él ya sus hermanos los fueran repartiendo con sus abuelos y tíos, aunque algunos vivieran en otros pueblos.
A los niños que en su adversidad les toco vivir en primera persona uno de los episodios más tristes de nuestra historia, después crecieron deprisa.
La mina empezó a trabajar, y se empieza a reparar el ferrocarril. La contienda había levantado un tramo de 18 kilómetros, se habían volado algunos tramos como el viaducto de Albentosa, se destruyó el depósito de locomotoras de la estación de Baños, y la extracción de carriles para búnker y trincheras en diferentes tramos obligaron a emplearse a fondo en los trabajos de rehabilitación.
Él padre que había salido de la cárcel entró a trabajar en la fragua, y en 1942 al Recorrido para reparar vagones, trasladándolo al puerto de Escandón, y allí fue toda la familia.
La escuela eran las clases que por la noche daba el jefe de estación. Pero Pascual no escucha porque su cabeza aun está rememorando lo vivido, y para que sirve saber lo que es una circunferencia, o un quebrado, y entra de pinche en la mina, y con 18 años al ferrocarril porque antes no dejaba la ley.
Viene a trabajar al Puerto de Sagunto cuando acaba de cumplir los 20 años, porque así en su puesto entraba su hermano más pequeño.
Empieza trabajando de encendedor de las locomotoras cargándolas de carbón, y dejándolas preparadas para el trayecto.
Gana 14´50 pesetas y paga de patrona 15, gracias que sus padres criaban animales, conejos, gallinas, de todo, y le mandaban algún pan y conejo frito, a pesar de que en su casa quedaban aún siete.
Tenía una taquilla en el almacén de efectos hecha de madera de cajones, y un día fue a por la merienda, y le habían sacado los pasadores a las bisagras, y por supuesto también la merienda. Desde ese día aprendió que el saquillo con el condumio tenía que estar siempre a la vista, ya que había mucha hambre, y esta agudiza el ingenio.
Un tiempo después pasó a ser fogonero, desde el Puerto de Sagunto – Puerto de Escandón, lo conseguía metiéndole a la caldera 14 toneladas de carbón, que es lo que consumía en 260 kilómetros, siete horas de ida y en cinco de vuelta, en el puerto de Escandón dejaban las torvas vacías y cogían las llenas.
Durante el trayecto en Jérica a la subida y en Barracas en la bajada tenía que limpiar de la caldera esos residuos de carbón que no se queman, con una barra romperlos y apartándolos del fuego tirarlos por la rejilla al centro de la vía.
El calor que pasaba él, y el frío que pasaban los pobres que iban en las garitas de los vagones para accionar el volante del freno de mano.
Fuego calor y sudor, o soledad y frio… todo envuelto en el principio fundamental de la vida “Sacrificio” y es que ya en un principio la semilla se sacrificara por el árbol que nacerá de ella.

Un abrazo de Paco Gómez