Conversar con Vicente Marzal Ballester es hacerlo con una persona querida por todos, nació en el Puig de Santa María el 12 mayo de 1925, siempre fue pescador y durante casi cuarenta años, fragmentó su vida trabajando en la siderúrgica y en la pesca.

A Vicente le fluyen y brotan las palabras porque son muchos años de vivencias, inquietudes, ansias, desvelos y esperanzas dentro del mar. Y como me lo cuenta con todo lujo de detalles son poemas de juventud y de madurez, inspirados y curtidos, en esa brisa sal pimentada con las olas que agita la vela de la barca, y con el humo negro de ese carbón que ha estrujado cada día.

El mar en calma, es la edad que corre por sus venas, es como una bendición de ternura y cordialidad, es la sabiduría del rudo trabajo de la pesca artesanal, con la que vive desde la edad de siete años. El carabinero del Puig -le decía a su padre- este xiquet es muy pequeño para ir en la barca, y éste le contestaba ¿“Y con quién va a estar mejor que con su padre”?.

La pesca artesanal es la que definen los hombres que se queman en verano y se congelan en invierno, y que era la pesca del pasado, porque es la pesquería que se preocupa y cuida del medio ambiente marino y terrestre. Las artes pesqueras que utilizaban eran pasivos, por lo que su impacto en el medio marino era mínimo.

La barca con la que su padre lo llevaba a pescar tenía 16 palmos, poco más de tres metros.
La llevaban a remo o con una vela latina y su padre la sacaba cada día a la arena de la playa gracias a unos palos y sebo para poderla arrastrar. El mismo sebo o grasa que ponían en el plomo de la sonda para chequear los fondos marinos y la profundidad. Vicente recuerda como su abuelo y su padre decían: “Si no venían marcas, arena, si llevaba como unas betas, algas, si movía la sonda y se tumbaba, roca, y si se hundía, fango”. Todo ello por la noche a la luz de una vela dentro de un farol.

Conocían muy bien las aguas próximas a su pueblo, porque era conocer los lugares mejores para la pesca. Como vivían en la playa su madre salía al balcón de su casa con la luz del carburero, su padre tenía cogida las referencias, la luz de la casa de sus abuelos en línea con una luz del Monasterio o en línea con la luz… Y ya tenían el lugar para pescar esa noche, encendía el farol y lo movía, y su madre ya podía meterse en casa.

Recuerda Vicente siendo un chaval ver en su pueblo a los hombres hacer zanjas, creía que hacían los desagües del Monasterio construido en 1.300, y que después de la guerra civil fue cárcel. “Pero era otra cosa”.

Existe a lo largo de todo el término del Puig un entramado de fortificaciones defensivas de la Guerra Civil española dado que el Puig fue parte de la última línea defensiva Puig- Carasoles, conocida como la Inmediata. Fue construida en 1938 por el Ejército Republicano para defender la ciudad de Valencia durante la guerra civil. Este conjunto se compone de cerca de 200 elementos entre bunkers, trincheras, nidos de ametralladoras, túneles y otras fortificaciones.

La familia de Vicente se vino a vivir al Grau Vell, porque así podían dejar la barca en el puerto que había construido la siderúrgica. Su padre muchas veces se quedaba con el pescado en el Puig, para que lo vendiera su madre en el pueblo, en Massamagrell o en Puzol, él se traía la barca al puerto, sobre todo los días que su padre presentía que habría levante para poder salir antes.

Tenía Vicente 19 años cuando su familia se trasladó al número 14 de la calle Canalejas. Tenía que ir al servicio militar, hizo el periodo de recluta en San Fernando Cádiz y la terminó en la Comandancia de Marina del Puerto de Sagunto, siempre cambió el servicio a la tarde para poder ir a pescar mucho antes de que saliera el sol.

Cuando él estaba en la Comandancia su padre entró en la siderúrgica, ya había estado trabajando antes de guerra pero se fueron al Puig por el miedo a las bombas.
Cuando Vicente terminó el servicio militar, entró a trabajar a la fábrica de ladrillo de la siderúrgica. Aquí cambiaba el turno con Cintas Sese para poder ir a pescar. Llevaba ya 20 años haciendo ladrillo cuando la cerraron y lo mandaron a la Planta de Cok. Habló con don Juan Lázaro para que lo mandaran al parque de carbones, que aunque se ganaba un poco menos, le permitía trabajar a turnos y continuar con la pesca.

El pescado lo vendía a los comerciantes en el número 10 de la calle Luis Cendoya. El precio no era en subasta era de mutuo acuerdo. Hay que tener en cuenta que esa época hay en Puerto de Sagunto hasta 32 barcas que se dedican a la pesca.
La pesca era entonces muy dura porque era muy rudimentaria, salía con una barca que se llamaba Dos Hermanos. Iban al arrastre con una vela latina y recogían los portalones a mano, con un chigre (torno que multiplica la fuerza). Recuerda la barca del tío Pardal que la llevaban los hermanos Noguerolis recoger las redes con aquel tambucho y con la barra rodando como los romanos. Ellos lo hacían con el chigre que el tío Esteve hizo con los engranajes del diferencial de un camión, que también serviría para arrastrar los rastrillos y coger la petxina, (porque durante un tiempo trabajaron en sociedad). Los portalones eran de madera, cuando llevaban unos días sin trabajar había que dejar a remojo porque al estar tan agrietados ya no trabajaban bien.
Su padre compró el segundo barco denominado Vicente por 100 kg de arroz en colfa y 100 duros (500 pesetas o tres euros)
El primer motor que puso Vicente a una barca era de gasoil, tenía una potencia de 2 caballos “Mira el Citroën 2 caballos, como funcionaba de bien” Aquí Vicente se equivoca, el Citroën, llamado 2 caballos era por la potencia fiscal, la realidad es que era un motor de dos cilindros de 375 cm³ y una potencia de 9 caballos, sucesivamente fue aumentando de potencia a 12 y llego a tener hasta 18 caballos.
Al poner Vicente el motor de 2 caballos que le hicieron en Villarreal, tuvieron que acortar la vela latina.
Qué diferencia con la barca actual de su primo que lleva un motor MAN de 400 caballos o con las llegan a nuestro puerto por paro biológico en sus lugares habituales de 700 caballos “Entonces se pescaba mucho, un día levanté más de 100 langostas, y cuando calaba redes 40kilos de langostinos. Luego los llevaba al hotel Monte Picayo con mi moto Torrot”nos cuenta.
Vicente habla y no para de las referencias con tierra para saber en qué lugar del mar estás pescando “Coger la referencia con la costa, el faro de Canet, con la punta de pantalán, las luces de los coches bajando por la cuesta de la cantera. La Patá, La Socarrá, La Barbada donde termina la roca y empieza el fango” añade.
Si coges tres puntos mejor que dos, porque la desviación de un palillo en tierra en el mar son muchos metros, él conoce la orografía del fondo marino dónde se termina un terreno y empieza otro, donde hay 13 brazas y luego 12, aquí salmonete de roca, después salmonete de fango. Hay un lugar de 19 brazas y media más allá de la Puebla de Farnals, donde había un restaurante y a 30 metros un transformador, y en línea con la casa del Morrero, el restaurante hace de yate y el transformador de vela, cogiendo esos puntos en el mar hay un lugar de piedra donde las barcas de arrastre no pueden entrar, y allí se refugia el pescado.
Vicente habla de la contaminación del mar, la cantidad de especies que han desaparecido, las almejas, las tellinas, las navajas, los cangrejos, hasta el pulpo ha desaparecido en la costa, antes a 5 metros de profundidad en cada bote cogías dos, ahora hay que irse muy al interior.
A Vicente lo jubilaron al cierre de la siderúrgica, en el año 1984 tenía 59 años, siguió con la pesca hasta hace unos pocos años porque algunos días iba en la barca de su primo de observador.

Mucho de lo que hay en este mar lo vivió Vicente y como sigue yendo al muelle cada día lo comparte con los más jóvenes, porque su mayor satisfacción es que “él y su familia siempre han sido amigos queridos por todo el mundo”

Un abrazo de Paco Gómez