Los amigos de Paco Gómez. Paquita y el Centro Aragonés. Un matrimonio perfecto

//Los amigos de Paco Gómez. Paquita y el Centro Aragonés. Un matrimonio perfecto

Los amigos de Paco Gómez. Paquita y el Centro Aragonés. Un matrimonio perfecto

Paquita González Radón nació en Puerto de Sagunto. Se crio con su abuelo materno, de origen aragonés, de un pueblo muy pequeñito llamado Castralvo tan cerca de Teruel que ahora es un barrio de Teruel.
Paquita es criada educada y mimada por sus abuelos y sus tres tías, porque sus padres se tienen que ir a trabajar fuera.
Por esto habla de una infancia diferente, pero súper feliz, porque se sentía muy querida por todos.
Su abuelo que hacía de padre le contaba que cuando vinieron al Puerto de Sagunto no había ni casas, de hecho para poder vivir hicieron una barraca cerca de la playa de estilo valenciano, barraca hecha de adobes o “gassons” barro mezclado con paja, y después “emblanquinat” con pasadas de cal que aparte de mejorar su aspecto daban mayor resistencia, y unos palos y ramas de palmeras en el tejado.
Su abuela vino a este pueblo desde el barrio de Nazaret de Valencia, su abuelo en un principio trabajaba en las locomotoras para el transporte de mineral, y terminó trabajando como tornero en la siderúrgica.

Cuando hicieron por televisión la serie Cañas y Barro su abuela le contaba que su padre iba igual que en sus novelas lo relataba Blasco Ibáñez, perchando con la barca para ir a los diferentes pueblos, cantando “albaes”, por ello es que siempre la oía cantar a su abuela cantos valencianos.
Estos cantos narran la historia que en un principio nacieron sin métrica “al aire” y se hace muy a menudo sobre la base de una “versada” que improvisa el versador. Se puede interpretar sin demasiadas florituras vocales o adornar la voz en cada frase musical.

Tenía Paquita cuatro años cuando su abuelo la llevó al Centro Aragonés, estaba entonces Teresa Pina de profesora de canto, y Pablo Luis Maza era el profesor de baile. Poco podría bailar pero su abuelo estaba ilusionado, y en su casa le enseñaba a cantar jotas, y oía a su abuela cantar albaes, por tanto sus vivencias son una mezcla de ambas culturas.
Cuando tuvo unos nueve años dejó de ir al Centro debido a una enfermedad que la obligaba a hacer reposo, pero cuando tenía 13 años volvió a empezar a bailar y durante varios años fue dama de honor de la Reina del Centro.
Tenía 15 años cuando se puso a “festear” con quien después sería su marido, así se llamaba entonces salir con un chico o ser novios (del valenciano festejar). Eran las pandillas que se formaban el sábado, después de las procesiones del viernes santo para ir a comer la mona el domingo de resurrección.

Todo esto ocurría en la alameda, un grupo de amigas, y un grupo de amigos el más lanzado de los chicos o de las chicas preguntaba si querían formar la pandilla de Pascua, se decidía dónde y cómo iban a ir (seguramente en el trenillo a Sagunto), y después de tres días conviviendo, comiéndose la mona juntos, y del segundo domingo de Pascua (San Vicente), prácticamente, todos en esta pandilla de Paquita habían formado su pareja, y en otras también, cuando era costumbre terminar el día en la pista de baile del Centro Aragonés o de la Marina, y se empezaba a festear (o a ser novios).

Paquita empezó a cantar con Ángel Martínez que era profesor también del Centro Aragonés de Valencia, y él le dijo que tenía posibilidades de hacerlo bien, pero cantar y bailar era un poco difícil, por eso dejo el baile y se centro en el canto, y su marido aquel chico de la pandilla de Pascua, siempre fue su compañero en estos menesteres folclóricos porque a ella le gustaba.

Ángel era profesor amigo y compañero, y su amistad unió a ambas familias, cuando él lo dejó siguió aprendiendo con Vicente Rubio. Las hijas de Paquita, Noemí e Inmaculada empezaron también de muy niñas a bailar y a cantar en el Centro Aragonés.

Dice Paquita: “Estando Olivares de presidente del Centro, lo deje durante unos años, y me subí a la Casa de Aragón de Sagunto donde formé el grupo de canto, pero siempre el día del Pilar me bajaba a cantar a mi Centro de Puerto de Sagunto.

Todos los años preparábamos una obra de teatro que dirigía Julio Juan, para ir a concursar al festival de teatro clásico que empezó a realizarse en 1978 en la ciudad de Almagro. En 1984 se convirtió en un festival internacional.

El Centro Aragonés es una sociedad donde conviven niños de tres años con personas mayores, donde no hay dinero como moneda de cambio, y todo el mundo aporta y trabaja por amor a la tierra de Aragón y a la jota. Paquita me comenta, “Hay algo más fuerte que la jota, una especie de nube limpia que nadie ve y que va soltando pequeñas gotas de amor, cada uno las recoge de forma diferente, en esta dispersión de actividades y edades, algunas veces alguien se confunde, y hay pequeños roces e interpretaciones erróneas más bien de tipo generacional, todo solucionable si al final se alza la vista y se mira con los sentimientos. Y cuando tengo un problema siempre me acuerdo de mi virgen del Pilar y de mi Cheperudeta” termina.

Paquita también ha vivido 42 años en el ambiente de las fallas, conoce bien el folklore valenciano. En 1990 la falla Teodoro Llorente formó un grupo de cante y baile, y como esto gustaba se fueron incorporando hasta diez fallas. Desde el año 2002 se denomina Grup De Rondalla I Danses Els Fallers cuya gerente general es Paquita.

Las danzas forman parte del folclore valenciano más antiguo, extendido y vivo. Se trata de rituales aislados para un tiempo, lugar y acontecimiento social concreto. Por otra parte existen otras danzas denominadas especiales que se bailan en acontecimientos festivos importantes.

La diferencia es que la jota aragonesa es más brava, y la jota de ronda es sin duda la manifestación más genuina de la jota aragonesa, y la más simbólica y representativa de lo que fue la jota en otros tiempos. El pueblo cantando unido, recorriendo las calles y plazas en franca armonía confraternizando y divirtiéndose, y muchas veces discutiendo, y retándose en algunas ocasiones. Cuando dos grupos de ronda enfrentados se encontraban en la calle era habitual que se dedicarán coplas bravías, altaneras, que llevaban ya encendida la mecha de la contienda que no iba tardar en llegar. Ni qué decir tiene que esto ocurría más, cuando los grupos de rondadores pertenecían a pueblos distintos y rivales.

Recordemos algunas de estas jotas de reto.
Esta noche he de rondar este raso o este nublo// y he de romper la guitarra en la cabeza de alguno// En el río cantan ranas y en la huerta los gurriones// y en el pueblo sólo canta aquel que tiene riñones// Anda ve y dile al alcalde que eche multas a las vecinas// por haber dejado de noche que anden sueltas las gallinas// Ese mozo que ha cantado tiene mucha cobardía// porque canta por la noche y se esconde por el día.

Alguien dice que la letra de la jotas pueden parecer simples, elementales y modestas Pero se apuesta por los contenidos ante las palabras, por los pensamientos ante las convenciones, por las vivencias, pues expresan los sentimientos más espontáneos y sinceros, y esto nada tiene que ver con el valor artístico.

Y termina Paquita cambiando el sentimiento: “En algunas zonas de Valencia las danzas son muy movidas como la jota de Vilamarxant siempre la dejamos para el final porque es tan brava como la aragonesa ambas las llevo en el corazón”.
Hace dos años Paquita ganó un premio en Zaragoza en su categoría y en su edad de cantadores de jota, premio que ofreció a sus maestros Vicente Rubio y a su hijo Cesar del que dice que es una enciclopedia “andante” de la jota, y es que es “un maestro que además te corregi y te hace comprender las cosas, con tanta amabilidad. Que lo quiero tanto como a mis hijas. Siempre he estado en mí Centro, mi abuela me decía en el Centro Aragonés te han salido los dientes y en el Centro de Aragonés te se caerán. Espero que sea junto a mi gente y con mis amigas las llamadas chicas de oro” finaliza.

Un abrazo de Paco Gómez

By | 2018-11-28T14:40:44+00:00 noviembre 28th, 2018|Categories: Los amigos de Paco Gómez|0 Comments

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