Los amigos de Paco Gómez. Nuestro puerto, un diamante en bruto

//Los amigos de Paco Gómez. Nuestro puerto, un diamante en bruto

Los amigos de Paco Gómez. Nuestro puerto, un diamante en bruto

La cofradía de pescadores de Puerto de Sagunto se formó en 1956. Se reunieron Paco “el buzo”, Felipe y Vicente Marzal, que eran los que tenían barca, aportaron una cantidad económica y se comenzó hacer la subasta al lado del bar lonja. Entonces como estaba dentro del pueblo, iba mucha gente.

Recuerdo la subasta cuando era un chaval y me llamaba la atención como iban bajando los precios en valenciano en múltiplos de 50 céntimos y a una velocidad pasmosa hasta que alguien decía o hacia un gesto.
El primer patrón mayor de la cofradía de pescadores de Puerto de Sagunto fue D. José Esteve Rodrigo nacido el 31 de Marzo de 1909.
José era trabajador de hidroeléctrica. Cuando terminó la Guerra Civil fue despedido por estar en el bando perdedor, “un mal menor”.

Su afiliación de izquierdas le hacía difícil encontrar otro trabajo, por ello, su mayor afición, la pesca, la hizo ser el sustento de su familia. Tenía una barca de 4 m, con remos. Compró unos cuantos utensilios, una red, y se puso a la sepia, permaneciendo en el mundo de la pesca hasta que en 1943 entró a trabajar en Altos Hornos de Vizcaya.

Esta afición, su amor al mar y el facilitar la vida a otros, le hizo comprar dos barcas y contratar a cuatro hombres para que se dedicaran al petxinor, una almeja grande de color marrón, que en la zona había muchísima y que recogían con unos rastrillos que fabricaba en una fragua que tenía en el corral de casa, allí hacia también toda clase de herramientas. José llegó a tener 15 hombres trabajando en la pesca con barcas propias y barcas alquiladas.
José ya podía ir a pescar y darse de alta en la seguridad social. La barca era de arrastre de diez metros, con un motor de dos cilindros de 50 caballos, e iban ocho hombres. Como él era el chiquillo, limpiaba y fregaba, ayudaba al cocinero, (las faenas que no quería hacer nadie, le tocaban hacerlas al chiquillo).
Ganaba un cuartón, la cuarta parte de lo que ganaba un hombre, al año media parte, y cuando cumplió los 16, lo mismo que los demás.

Estudió y se examinó para mecánico naval y para patrón de pesca. El título de mecánico naval se lo dieron, el de patrón no pudo ser hasta que tuviera los 21 años.
Terminó el periodo militar en la comandancia de marina de Puerto Sagunto, y volvió a la pesca, su padre estaba en sociedad con Vicente Marzal y el señor Lázaro.

Cuando pasó un tiempo partieron y ellos se quedaron con la Santa Isabel y José con la Cala Blanca. Repararon la barca, se habían empeñado hasta los ojos, y no saben por qué un día el motor se revolucionó, se soltó y el contrapeso golpeó el costado de la barca; pero no se dieron cuenta y de un sábado a un lunes, cuando llegó al muelle la barca estaba hundida.
Esto fue en los primeros días del año 1966, y en este mes de enero su vida cambiaría ya que “se enroló” en un barco danés llamado Angantyt, que cargaba mineral de hierro, e iba a Valencia a traer fosfato de Tampa.
Don Juan Gómez jefe de la consignataria le avisó que había una plaza de ayudante de marinero (el último mono del barco). A los once días ya estaban en Ámsterdam poniéndolo en la máquina de engrasador; pasó de ganar 3.500 pesetas a ganar 18.000 y las horas extraordinarias a 1.200. Más tarde le pasaron a jefe de trabajo de máquinas y todos los días hacia unas cuantas horas extras.

José se desembarcó del Angantyr, y se puso a pescar. Se casó y cogió una semana de vacaciones y cuando llegó del viaje de novios lo despidieron –En aquel tiempo todo valía-. Se cabreó tanto que se puso a coger naranja, un día entró en el Bar Acero y viÓ a Pepe Cosín (el culón). -Mañana me voy a Noruega a embarcarme. ¿Te vienes conmigo? -Espera, le dijo- y se marchó, como dice la canción de Perales.
Le dieron el puesto de jefe de trabajo de máquinas en un barco llamado Titus. Este barco estaba en Panamá por lo que para incorporarse cogió el avión Oslo- Londres- New York-Panamá.

Durante los 15 meses que estuvo trabajando en este barco tocaron infinidad de puertos: Cuba, Curasao, Panamá, Venezuela, New York con combustible para reactores. Este era un petrolero pequeño de 36.000 toneladas de 187 metros de largo y 24 de ancho.

El barco, lo estuvo reparando en Lisboa, y allí acudió su mujer que fue hacerle compañía, después de la reparación le propusieron contratarla de camarera, aunque rechazaron la oferta. Aquellos veinte días los disfrutó, porque podía comer con ella en el camarote, y por las tardes bajaban a tierra para cenar y pasear por la ciudad.

José se desembarcó, aunque para que no lo hiciera le propusieron varias mejoras de sueldo y de categoría, pero él pensó que era hora de volver, y en 1983 sin presentarse lo hicieron presidente de la cofradía.

Me dice Pepe: “Cuando pescaba yo ahora han pasado muchas cosas, las barcas de pesca llevan los mismos aparatos que lleva un trasatlántico, no de motor por supuesto, si no de adelantos tecnológicos, de todo lo que puedas pedir la barca sale del puerto y le dices: Llévame a donde estuve pescando hace tres meses. Aprietas el botón y la barca te lleva al sitio, tiran las redes y hace el recorrido de entonces, y tantos adelantos” termina.

Al cierre de la Siderúrgica del Mediterráneo, en el año 1985, comenzó la lucha de José por hacer un puerto pesquero en condiciones, no el puerto tercermundista que tenían aquí. Tenemos que tener en cuenta que este era un puerto privado de la siderúrgica y los pescadores estaban en él de prestado. “Mientras no molestaran”. Los colocaron en la punta del muelle, luego más tarde en un rincón, una noche una barcaza rompió amarras y destrozó al “Pepito Esteve”. Menos mal que éste evitó que se destrozara “la Santa Isabel”.
Un día José se fue hablar con el director de puertos D. Luis Sahuquillo, le dijo que éste puerto era particular, y que él no tenía ninguna competencia. Más tarde esto cambió, se hizo cargo la Autoridad Portuaria de Valencia, pero ésta lo hizo a regañadientes porque no le venía bien, ya que en su opinión este puerto era un pozo sin fondo, y que por mucho dinero que pusieran nunca vería la luz.

José les dijo que estaban totalmente equivocados, “Este puerto era un diamante en bruto sólo había que pulirlo para que fuera una joya”. La joya que el tiempo ha demostrado que es, un puerto con una posición estratégica y que no tiene problemas de ampliación.

Hasta llegar a ello fue una lucha dura, porque la administración y la autoridad estaban por la labor de no hacer nada, que el puerto se quedará conforme estaba. Es más la Conselleria propuso hacer una piscifactoría en la dársena, a lo que José se opuso con rotundidad y con todas sus fuerzas, porque ello llevaba cerrar todas las puertas al futuro de su pueblo. Por ello formó una comisión compuesta por Simón Montolío, Ángel Perales, Ángel Olmos y Alberto Martínez para que todos juntos empezaran la lucha para hacer cambiar la posición de la administración.

“Crispín” conocidos por todos, (alcalde en funciones) reaccionó cuando le dijeron que solo conocía el puerto para coger algún pato, y se volcó en conseguir que aquí se hiciera un puerto pesquero en condiciones.

El 20 octubre 1988 habían pasado tres años. Lo llaman a Valencia y le presentan dos proyectos de Puerto pesquero para Sagunto, el primero valía 650 millones de pesetas y sería un puerto tan bueno como los puertos de alrededor, Burriana o Gandía. El segundo costaría unos 100 millones. La diferencia es abismal, José preguntó, “me tendrán que decir los pros y los contras de cada uno de ellos” (aunque los encontraba remisos). Él siguió insistiendo qué ventajas y qué inconvenientes tiene cada uno de ellos. Al final hablaron.
“El primero hay que mandarlo a licitar a Madrid, tardará de dos a tres años hasta que verifiquen los estudios y den su aprobación. El segundo como son 100 millones menos una peseta lo podemos licitar desde aquí, y en un par de meses estarán trabajando en él”.

El puerto pesquero se fue construyendo y el asesoramiento de los pescadores hizo que se ahorrasen del orden de 24 millones de pesetas. Cuando se terminó vieron que tenían un pequeño problema (que entraba mucho la mar) y temían por las barcas, pero todo ello se solucionó con una pequeña rectificación y todos quedaron contentos.

José ha sido patrón mayor de la cofradía de pescadores del Puerto de Sagunto hasta el año 2007. Con sus 78 años aún acude todos los días a la dársena de pescadores para hablar y preocuparse por los problemas de su gente, es algo que lleva en la sangre, es su forma de ser, es el amor a la pesca y a los valores que le inculcó su padre.

Un abrazo de Paco Gómez.

By | 2018-07-27T11:52:51+00:00 julio 27th, 2018|Categories: Los amigos de Paco Gómez|0 Comments

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