El Centro Aragonés y Vicente Rubio una unión casi perfecta

//El Centro Aragonés y Vicente Rubio una unión casi perfecta

El Centro Aragonés y Vicente Rubio una unión casi perfecta

Se han cumplido 77 años del nacimiento de la Asociación Cultural Centro Aragonés de Puerto de Sagunto, y se cumplen 116 del nacimiento de este pueblo. Por tanto es sin duda un centro que han crecido casi de la mano, que ha visto el devenir del municipio, sus altos y sus bajos, sus gentes, su vida.
El Centro Aragonés se constituye como sociedad en el año 1941, un año donde gracias a la buena cosecha de moniatos se aliviaba un poco el hambre, porque en el año anterior hubo una gran mortandad sobre todo entre la juventud “Por hambre”. Que años tan difíciles.
Recordemos que sólo habían pasado dos años del final de la Guerra Civil, y en este pueblo se acababa de cerrar la fábrica número 15 de la subsecretaria de armamento, poniendo en marcha de nuevo la siderúrgica del Mediterráneo, llamada ahora Altos Hornos de Vizcaya.
Muchas personas originarias de la provincia de Teruel como el mineral de hierro, siguieron a este buscando trabajo, y otros vinieron porque habían sido desterrados de sus pueblos.
Las crónicas cuenta los destierros de intelectuales, artistas y maestros al extranjero, pero no cuentan las variadas represalias a personas sencillas y anónimas, y una – de esas represalias- era tirarlos de sus pueblos, y esto es algo que tenía que decirlo, porque creo que se lo debía a alguien que mientras me comía el bocadillo, una noche estando de reparación en el departamento de hornos de acero, me contó cómo y por qué llegó aquí.
Dicen que “el hombre que canta sus males espanta”, y en esa época hace falta cantar porque cuando cantamos nos transformamos en generadores de armonía y se disuelven las barreras de la separación, los hombres que bajan de las tierras de Teruel al muelle, cantan lo que llevan en sus entrañas, la música, el canto y el baile, “la jota” les permite crear caminos nuevos para poder empezar a ser más felices.

Un grupo de aragoneses se juntan en casa del Tío Castro, esquina de la calle Progreso, o en la calle La Libertad donde el Tío Esteban tenía la cuadra. El Tío Pedro (el cojo) compra un local para poner un bar, y poco después lo vendió para hacer la sociedad Centro Aragonés donde se encuentra actualmente.

Era preceptivo que el presidente de una sociedad fuera una persona que tuviera la confianza del régimen, claro que al mismo tiempo debía de ser querido por sus componentes, y fueron a buscar a D. Francisco Sabio Allueva, hombre del agrado de todos que se volcó en el proyecto. Los que iniciaron el proyecto fueron Gregorio Cabero, Emiliano Ramiro, Mateo Navarro, Romualdo Martínez, Bernardo Latorre y León Crespo.

Es posible que falten nombres porque son nombres que están en el recuerdo ya que los datos escritos empiezan en 1951, siendo el año de construcción el 1966.
Uno de los pilares más importantes del Centro Aragonés es su rondalla, algunos hombres que la componen son Paco (el esquilador) Gregorio Cavero, Policarpo, Manuel (el cojo de Cella), Miguel Martín, Guerra (reparador de guitarras), Juan José, José Valdearcos y otros.
El primer maestro para la rondalla fue el señor Almela de Sagunto que era músico, pero las personas que tocaban en esta rondalla lo hacían de oído, por este motivo el profesor Almela no cuajó, siendo sustituido por Emilio Ruiz, a partir de entonces empezó a ser una de las mejores rondallas, requerida y considerada en muchos pueblos de Teruel. Estaba entonces compuesta por Eufemio hermano de Emilio, Lorenzo Simón, Juan Jordán, Pedro Miguel, Rogelio, Antonio Ortega y una serie de personas que llevan y viven la música de la jota dentro de ellos.

Con el paso de los años la idea era transmitir el sentimiento, la fuerza, la garra de la tierra de origen a los hijos, las esencias de Aragón por la música, por el canto y por el baile. Se fue más allá y se contrató para enseñar canto a Teresa Pina, una turolense de Hijar, que fue la primera profesora del Centro Aragonés de Valencia, después Angelita Romero que había sido discípula de Teresa Pina y después fue profesor el oscense Antonio Allué.

El último (aunque ya ha delegado en su hijo) maestro de canto del Centro Aragonés ha sido Vicente Rubio que canta una jota compuesta por el que dice así: “Lo riega el río Jiloca// he nacido en Caminreal// que orgullo ser de Teruel// que gozó cantar la jota”
.Caminreal es un pueblo que en su nombre se aprecia su función geoestratégica de estar en el cruce de caminos que unen Madrid con Tarragona, y Sagunto con Burgos y que actualmente tiene 659 habitantes. El río Jiloca lo atraviesa de sur a norte, sus aguas desembocan en el Jalón y en el Ebro. Hay que destacar de este pueblo su yacimiento íbero romano, situado en la partida de la Caridad, su iglesia con su altar barroco, su ermita y la estación nueva de 1933, que consiste en un edificio de dos plantas funcional y en armonía con el paisaje donde se ubica, (tiene la silueta de una locomotora). Caminreal está cerca de Torrijos del Campo, y en su época este pueblo, por ser cruce de caminos, fue más importante que Calatayud y por delante de Monreal del Campo y de Calamocha.

Vicente Rubio Sebastián vino al Puerto de Sagunto en 1960 a la edad de 18 años con sus padres y tres hermanas.
Las tierras que cultivaban las dejaron, pero las vacas no las podían dejar en Caminreal, y todos se instalaron en el número 141 de la calle Teodoro Llorente donde estaba hace algunos años el supermercado Mercadona, después de unos años dejaron las vacas y montaron una fábrica de gaseosas, llamada Espumosos RYS. Durante 25 años fue Vicente quien en un principio con motocarro repartía gaseosas, y como en los negocios el pez grande se come al chico, se acabó, y a partir de entonces fue una tintorería la base del sustento familiar trabajando codo a codo con su mujer María del Carmen Belmonte hasta la edad de su jubilación.

Y está demostrado que se puede ser un gran hombre si encuentras una mujer que simplemente cree en ti, porque Mari Carmen lo ha impulsado a ser mejor persona y es para Vicente, fuerza, ternura, dulzura, seguridad, placer y refugio.

Vicente lleva desde pequeño metido el canto en vena, desde que oyó a su abuela Eustaquia cantar la jota “la Segadora”, una letra sencilla que dice: Que aborrecidica te ves// Segadora segadora// Todo el día en el rastrojo// Ni aun agua puedes beber// Segadora, segadora.

En sus años mozos a Vicente le oyen en su pueblo cantar en las rondas, en el campo, y los domingos por la tarde en el bar del tío Emilio, en la confitería de Pascual, o paseando por la carretera casi siempre sin acompañamiento.

Siempre le ha gustado cantar, cuando volvía de trabajar según le había ido el día así le salían las jotas, si bien de maravilla, regular ya cantaba jotas nostálgicas. “Aunque esté trabajando en otro lugar la mente vuelve al campo, la mente vuelve al pueblo donde nací, porque lo quiero con locura, cada vez que lo nombran me lleno de emoción”. Un sentimiento compartido por familiares amigos y vecinos de su pueblo que en el año 2012 le hicieron hijo predilecto en una gran fiesta compartida con el Centro Aragonés de su pueblo de adopción.
“La jota siempre se canta con el corazón, ahí está la clave, si no la sientes no la cantes, porque es un canto bravo, y se canta a todo lo que te produce una inquietud, pero es un canto libre del campo”, comento Vicente.
Llegar al Puerto de Sagunto es llevar a un trozo de Aragón en Valencia, y en el bar “La Perla Aragonesa” conocido como La Perla, un grupo de amigos como El Polvorill, Vicente Madrid, José Antonio Martínez se reunían y cantaban. Alguien les dijo porque no lo hacían en el Centro Aragonés, donde había una rondalla y una escuela de canto y baile.

Cantar con la rondalla para Vicente era todo un privilegio, porque D. Emilio Ruiz era un gran maestro y junto con la profesora Angelita Romero hicieron que Vicente se adaptara enseguida a los nuevos estilos y formas de cantar. Pasaron en estos años por el Centro Aragonés figuras importantes de la jota y Vicente de todos fue aprendiendo.

La primera vez que cantó en un escenario lo hizo con su profesora detrás, -por eso de que siempre es bueno que te den un achuchón con el fin de vencer el miedo escénico-. Su primera experiencia en un concurso de jotas fue el convocado por la casa de Aragón de Madrid, experiencia que se saldó con un segundo premio. Nadie hasta entonces había obtenido un premio de jota aragonesa procediendo de la Comunidad Valenciana.

En torno a 1970 Ángel Martínez asumió el relevo de Antonio Allué, y a este Centro a través de sus profesores llegaron las esencias principales de la jota cantada y de sus mejores escuelas. Ángel, que estuvo al frente del grupo de canto más de 10 años, seguía animando a Vicente, que encontró en la rondalla grandes amigos como Lorenzo Simón, el entrañable Tío Miguelico con su guitarrico, el Tío Paco (El Esquilador), también recuerda con afecto al Tío Bolinches que solía acompañar a la rondalla con su pandereta, y al Tío Paco Noguera, que con su triángulo añadía un toque de percusión a la cuerda.

Vicente hizo amistad con Adelino Gómez, escritor costumbrista nacido en Caminreal autor de más de 60 obras sobre historias, costumbres, y cuentos aragoneses. Adelino era presidente del Centro Aragonés de Valencia, precursor de su cuadro de jotas, y muy vinculado a las peñas del “Cachirulo”, de muchas de las cuales fue fundador fuera y dentro de Aragón.

Fueron también los años en que Vicente participó en concursos, obteniendo en 1970 el primer premio del Centro Aragonés de Valencia, y segundo premio en el concurso convocado por el Ayuntamiento de Calamocha en Teruel. En 1971 fue primer premio en este mismo lugar y en 1972 primer premio de la peña El Cachirulo de Teruel y segundo premio de la Peña Cachirulo de Andorra (Teruel). En 1974 obtuvo el primer premio en el concurso convocado por el Ayuntamiento de Rubielos de Mora.

Entre 1974 y 1978 Vicente estuvo cantando con el grupo del Centro Aragonés de Valencia, en aquel momento dirigía la sección de canto también Ángel Martínez, y en la de baile el oscense Pablo Luis Mazza. Fue precisamente entonces cuando la jota de Vicente pudo llegar a todos los valencianos a través de los micrófonos de la radio, porque las vísperas de las fiestas del Pilar las voces del Centro Aragonés eran reclamadas en los estudios de radio. En 1980 empezó sus colaboraciones con la casa de Aragón de Sagunto en la celebración de las fiestas del Pilar, cuando esta sociedad aún no tenía formados el grupo de canto y de rondalla.

Una de las inquietudes de Vicente era el acceso a nuevos estilos, podría lograrlo aunque no sin dificultades. Eran tiempos en los que aún podía escucharse algunas jotas en la radio, pero si quería disponer de un archivo sonoro, no había más remedio que recurrir a la compra de discos, Vicente lo consiguió en una tienda de electrodoméstico situada en la plaza La Reina de Valencia.

Vicente es el profesor que más años ha estado activo en el Centro Aragonés, aproximadamente unos 20 años, habiendo impartido sus lecciones en las distintas épocas a más de 50 alumnos. Ha sido reclamado en los últimos años por otros centros para ser maestro, nunca ha querido salir del suyo y progresivamente Vicente ha ido contando con la colaboración de su hijo.

Termina Vicente,” Mis alumnos igual que mis hijos, la parte más importante de mi vida, son todo mi orgullo de maestro, es la germinación de la semilla sembrada y no quiero olvidarme nunca”.

 

Texto: Paco Gómez

Fotografía: Kalos Fotógrafos

By | 2018-06-25T17:32:51+00:00 junio 25th, 2018|Categories: Cultura|0 Comments

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