Vicente Ribes Jañéz. El largo camino a Zakynthos

//Vicente Ribes Jañéz. El largo camino a Zakynthos

Vicente Ribes Jañéz. El largo camino a Zakynthos

Vicente Ribes Jañéz natural de Sagunto, nació en el año 1934, Perito y Profesor Mercantil. Títulos que obtuvo combinando estudio y trabajo, como no, en la factoría de Altos Hornos y tal como lo hicieron muchos otros hijos de productores.
Cuando estudiaba el peritaje mercantil tomó su mochila a los 17 años y pasó sus vacaciones vendimiando en Francia, para perfeccionar sus conocimientos de francés y financiarse así los gastos de estancia y viajes. Lo mismo hizo al año siguiente. Y fue en esas salidas al extranjero donde se despertó en Vicente un deseo de viajar y conocer otros países y otras gentes, que hasta ahora, a punto de cumplir 84 años, todavía le perdura.
Cuando terminó el servicio miliar se fue a Alemania para igualmente ampliar sus estudios del idioma alemán, pero allí le cambió la vida, ya que conoció a su actual mujer, tuvieron su primer hijo, y se quedó allí a vivir.
Tras su periplo por tierras alemanas regresó a España, atraído por un importante contrato laboral de una empresa saguntina, que le ofreció trabajo dado su conocimiento en idiomas. En ese momento cuando regresó a España, volvería a retomar lo que realmente le gustaba, que es el Mar.
Dada su formación y estudios realizó de manera profesional muchos viajes por tierra, mar y aire. Por mar navegó en un buque mercante en calidad de sobrecargo desde Castellón hasta Arabia Saudí, pasando por el Canal de Suez, realizando controles de la fruta que exportaba la citada empresa saguntina.
Pero no sería hasta su prejubilación cuando Ribes Jáñez comenzó a realizar lo que realmente deseaba, que no era otra cosa que navegar. Por consiguiente cuando llegó el momento, se prejubiló, se compró un barco de vela asequible y planeó su primera travesía `por el Mar Mediterráneo hasta Grecia. Para tal fin enroló a tres amigos y comenzaron su aventura rumbo a Grecia, en concreto a la bonita Isla de “Zakynthos”, en el mar Jónico.

La pregunta es clara, y por qué a Grecia. Y en concreto a Zakynthos.
Nuestro protagonista nos cuenta que se le quedó marcado en su mente cuando tan solo tenía 10 años la lectura de placa que se encontraba en el Ayuntamiento de Sagunto, donde se podía leer que la ciudad de Sagunto fue funda 800 A.C. por una colonia procedente de la isla griega de Zakynthos. Hoy 3000 años después, se sigue teniendo muy presente a esta ciudad. En 2012 el Ayuntamiento de Sagunto recordó la leyenda concediendo el nombre de Zakynthos a una calle de la zona Norte del Palancia, y recientemente, este pasado mes de marzo se procedía a la recepción por parte del actual equipo de Gobierno, a una representación oficial encabezada por el teniente alcalde de esta isla griega. Entre los actos oficiales tuvo lugar la firma del protocolo de hermanamiento entre estas dos ciudades. Los primeros pobladores de Sagunto, según Tito Livio, eran oriundos de dicha isla. Este origen ha sido cuestionado por especialistas que defienden el origen íbero de la ciudad.
Por tanto Vicente Ribes en plena prejubilación y tras adquirir un barco de diez metros de eslora, junto a su tripulación, hicieron su primera aventura y un sueño ansiado durante prácticamente toda su vida, navegar hasta Zakynthos (Grecia) desde Canet d ‘En Berenguer junto a Vicente Sureda de 65 años, Manolo García de 61 y Gonzalo Mora de 41, el 20 de junio de 2009.
Medios de comunicación como el Levante y varias emisoras se hicieron eco de la noticia, publicando titulares como “Cuatro jubilados harán la ruta de los fundadores desde Sagunt hasta Grecia”. Otros medios lo titularon “En busca de nuestros orígenes”.
Esa sería su primera “aventura” por alta Mar en busca de sus orígenes, pero no ha sido solo éste el único periplo que han realizado, pues hasta la fecha ya lleva tres travesías , no solamente hasta Zakynthos en el Mar Jónico, sino que atravesando el histórico Canal de Corinto (Estrecho de Lepanto), también han navegada por hermosas islas del Mar Egeo.

Y ya preparan en la actualidad cuarta, antes de que llegue el mes de junio.
No se trata de una aventura de una semana, ni de dos, se trata de una aventura más que arriesgada, más de un mes y medio por los mares, de puerto en puerto haciendo escala en islas y lugares hermosísimos, en los que uno quisiera perderse. Claro está que ello conlleva aceptar el riesgo de afrontar algún que otro temporal , con el riesgo que representa y significa. La travesía la tiene más que estudiada: Zarpan de Canet rumbo al Sur de Mallorca – Sur de Cerdeña – Islas Eolias (Volcán Strómboli) – Estrecho de Mesina – Zakynthos – Itaka (patria de Ulises) , etc. Etc.
Dependiendo del tiempo empleado para navegar hasta Itaka y el regreso se hará pasando por Corinto al Egeo o navegando directamente hasta Malta y desde allí hasta San Pietro de Carloforte (sur de Cerdeña), etc. Etc.
Como no puede ser de otra manera, durante la travesía nos cuenta que ocurren numerosas anécdotas y por supuesto también otras menos agradables como los temporales a los que se han tenido que enfrentar en sus 3 aventuras a Grecia. En concreto nos recuerda el vivido al Sur del Peloponeso. Habían hecho escala en la Isla Kithera y navegando rumbo a Malta “la mar estaba muy agitada, pero había que salir y nos pilló un oleaje tal, que el barco no podía superar las olas, se ponía a velocidad cero, no podía con ellas y nos tocó dar la vuelta y estar cinco horas con un temporal de popa horrible” cuenta, “lo pasamos muy mal” sentencia.
Para conocer en la medida de lo posible de las condiciones del mar, se ayudan de los modernos sistemas de navegación: Radar, sonda, emisoras de radio fija y portátil, cartas electrónicas, piloto automático , etc.. Y obligatoriamente debemos llevar unos libros llamados portulanos, faros y señales, cartas de navegación, etc. donde se encuentra información detallada de los vientos predominantes, en que épocas, si existen escollos u otros accidentes (alguna roca que vela apenas), etc, aunque a pesar de todo, “la mar siempre trae sorpresas”, dice el bueno de Vicente.
Sin ir más lejos el pasado año cuando intentaban realizar la cuarta aventura, transcurridos 5 horas de navegación, a las 2 de la madrugada un barco grande generó una ola tan espectacular que no la vio venir nuestro protagonista y se golpeó, rompiéndose una costilla, teniendo que regresar a Canet y abortar la travesía: “el gozo en un pozo” como nos cuenta
En su relato, Ribes también hace una parada en la fauna, ya que forman parte de sus recuerdos, como cuando avistaron por primera vez ballenas y sobre todo delfines, a los que los define como algo “maravilloso” ya que, “te ven y vienen a buscarte y te acompañan durante parte del recorrido” cuenta. Para nuestro protagonista, el Mar, o como a él le gusta decir y nos dice, “La mar, es un mundo aparte, que nadie termina de conocerla, ni en la superficie, ni en el fondo. Descubres otro mundo precioso” nos narra con un sentimiento que deja patente ese amor por el Mar.
Tenemos curiosidad por saber que se oye en Alta Mar, y le preguntamos si existe el silencio absoluto, contestando que no existe, que siempre aunque el mar se encuentre tranquilo “un chisporroteo se escucha, la mar tiene vida, no existe el silencio absoluto”.
Otra de las cuestiones que nos interesaba, era saber de que se alimentan en sus travesías, siendo las latas de conserva el principal alimento, aunque también se llevaban queso y jamón empaquetados al vacío en blisters por los carniceros de la ciudad. Y al llegar a los puertos se aprovisionaban de productos frescos, como tomates y otras verduras y hortalizas para comer ensaladas completas. Pan fresco solo lo comían en los puertos, en alta Mar se alimentaban de unas tostadas que aguantan bien la humedad, nos aclara.
Temporales, olas gigantes, grandes problemas que tenían que “salvar” Vicente y su tripulación, siendo los últimos recursos, la emisora de radio, y su radar, con el cual siempre está localizado en caso necesario. Además y por si acaso, llevan una balsa salvavidas totalmente pertrechada y equipada para un caso de naufragio.
Nuestra cara era un poema al entrevistar a Vicente Ribes, ya que nos indujo a preguntarle, que por qué a pesar de los peligros y a sus casi 84 años, seguía haciendo las travesías, y su respuesta fue clara y contundente, “porque me gusta”, respuesta que no nos dio pie a rebatirle.
Dice que Sofía, su mujer, se lo bendice todo y “yo siempre que estoy en cobertura a las 8 de la mañana le llamo para darle los buenos días. Si hablamos por la noche le digo que mire la misma luna que veo yo.
En resumen vas al mar no porque seas aventurero, sino porque te gusta, porque lo amas. Y es que no sabes la paz interior que uno siente contemplando ese cielo tachonado de estrellas, o esa luna llena que te ilumina la superficie del agua……… Es un privilegio¡¡
Así pues en unos días partirá desde el Club Nautico de Canet de Berenguer una nueva expedición hacía las Islas Griegas, será su cuarto viaje, su cuarta travesía para volver a los que muchas leyendas cuentas son los origines de Sagunto.

 

Texto: César Martínez

By | 2018-05-30T12:52:29+00:00 mayo 30th, 2018|Categories: sociedad|0 Comments

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